11 de agosto de 2026 · 11 min lectura · por SprinklerMap Team

Bomba para riego por aspersión: cuándo hace falta de verdad y cómo dimensionarla

Falta de presión y falta de caudal son dos averías distintas con soluciones opuestas. Cómo saber cuál tienes, qué probar antes de comprar nada, y cómo leer la curva de una bomba en lugar del cartón.

Giardino residenziale con prato e aiuole servito da un impianto di irrigazione
Foto: cwwycoff1 (BY 2.0)

Presión y caudal no son lo mismo, y ahí empieza casi todo el problema

En cualquier foro de jardinería se repite la misma escena. Alguien cuenta que sus difusores no llegan a salir del todo, o que las turbinas se paran a mitad de sector. Diez respuestas le dicen que necesita una bomba. Se gasta 180 euros en un grupo de presión, lo instala, y al mes vuelve para decir que sigue igual, y que además la bomba arranca y para sin descanso cada vez que riega.

El motivo es que la presión y el caudal son dos magnitudes independientes, y una instalación puede quedarse corta en una, en otra o en las dos. La presión (en bares) es la fuerza con la que empuja el agua: es la que saca el aspersor emergente del suelo, la que pulveriza en la boquilla y la que fija el alcance. El caudal (en litros por minuto) es cuánta agua pasa por unidad de tiempo: es el que decide cuántos aspersores pueden funcionar a la vez.

Un grupo de presión sube la presión, no fabrica agua. Si tu toma da 10 l/min porque la acometida es pequeña, ninguna bomba conectada directamente a ella te va a dar 25. Aspirará más de lo que llega, cavitará, y sin protección contra marcha en seco girará vacía hasta quemar el cierre mecánico. Eso tarda minutos, no temporadas.

Así que el primer paso nunca es elegir bomba, sino medir las dos cosas por separado, con un manómetro y un cubo. El método está en Cómo medir la presión del agua para el riego, y todo lo que viene después depende de que esos dos números sean correctos.

Lo que tu instalación pide en realidad

Antes de dar por insuficiente la red, hay que saber qué está pidiendo la instalación. Y la respuesta cambia bastante según lo que tengas puesto.

Los difusores emergentes (Rain Bird 1804, Hunter Pro-Spray y equivalentes) trabajan bien entre 1,5 y 2,5 bares. Por debajo de 1,5 bares el alcance cae un 30-40 % y el vástago a menudo no emerge del todo, con lo que la boquilla acaba regando el césped que la rodea. Las turbinas tienen una ventana más amplia, de 2 a 4,5 bares, pero llevan peor la falta: por debajo de 2 bares la turbina se ralentiza y el aspersor se queda parado a mitad de sector, regando siempre la misma mitad. El goteo está en el extremo contrario, entre 0,5 y 2 bares, y ahí el problema suele ser el exceso de presión — ver Reductor de presión para riego: cuándo es necesario y cómo instalarlo.

En caudal, los consumos reales son más bajos de lo que la gente supone: un difusor Rain Bird 1804 con boquilla MPR 15 consume unos 0,67 l/min a 2 bares, y una turbina Rain Bird 5004 entre 0,9 y 3,5 l/min según el alcance ajustado. Los fabricantes lo publican todo en sus fichas técnicas, y el cálculo completo por sector con pérdidas de carga está en Presión del agua para riego: valores ideales y cálculo por zona.

La regla que une ambas cosas: la suma de caudales de los aspersores de un mismo sector debe quedarse por debajo del 75 % del caudal disponible en el punto de agua, y al aspersor más lejano deben llegarle al menos 1,5 bares una vez descontadas las pérdidas de carga. Si se cumplen las dos condiciones, no necesitas bomba, diga lo que diga quien te la quiera vender.

Giardino di casa con prato irrigato e vegetazione perimetrale
Foto: sovraskin (BY 2.0)

Cuatro cosas que probar antes de gastarte el dinero

En la mayoría de jardines particulares el problema no es la red sino el diseño. Estas cuatro salidas no cuestan nada o casi nada, y explican una parte sorprendente de las quejas por falta de presión.

Añadir un sector. Si haces funcionar ocho aspersores a la vez cuando el caudal daría para cinco, la presión se hunde en todos y ninguno trabaja bien. Partir el sector en dos y hacerlos arrancar en secuencia lo resuelve sin más material que una electroválvula (Electroválvula de riego: cómo elegirla y conectarla) y un canal libre en el programador. Veinte euros en lugar de doscientos, y la uniformidad no tiene nada que ver.

Poner boquillas más pequeñas. Parece un paso atrás, pero una boquilla que pide menos agua a la misma presión deja más margen a todas las demás del sector. Donde el alcance ya va sobrado, bajar una medida no cuesta cobertura: Cómo elegir las boquillas para el riego del césped: MPR, VAN, MP Rotator explica cómo elegirlas.

Comprobar el diámetro de la tubería. Un tubo de 20 mm donde tocaba uno de 25 mm puede comerse medio bar en 40 metros de recorrido. Es la causa más frecuente de "falta de presión" que en realidad es una pérdida de carga autoinfligida, y la más cara de corregir después, porque el tubo ya está enterrado.

Cambiar la hora. La presión de la red no es constante: en zonas residenciales baja en las horas punta, típicamente de 7 a 9 y de 19 a 21. Si mides 2,5 bares a las 14 h y 1,6 bares a las 20 h, no tienes un problema de instalación sino de horario. Regar a las 5 de la mañana, que además es la mejor hora para el césped, resuelve muchas veces todo por sí solo.

El factor español: restricciones, depósito y por qué conviene igualmente

Hay un elemento que en España pesa más que en otros países: las restricciones de riego. En buena parte del territorio los ayuntamientos limitan el riego de jardines en verano a franjas horarias concretas, o directamente lo prohíben en episodios de sequía. Eso cambia el planteamiento, porque no solo importa cuánta agua hay, sino cuándo se puede usar.

Un depósito de acumulación resuelve las dos cosas a la vez. La toma llena despacio un aljibe o depósito de 500 a 1.000 litros mediante una boya, y la bomba aspira del depósito al caudal que piden los aspersores. La toma trabaja muchas horas a caudal bajo, la bomba trabaja veinte minutos a caudal alto, y ninguna de las dos sufre. Si además la normativa local restringe la franja de riego, el depósito te permite llenar cuando se puede y regar cuando conviene al césped.

En esta configuración hacen falta una bomba autoaspirante — tiene que ser capaz de subir el agua desde un nivel más bajo que su propio cuerpo — y, sin excepción, una protección contra marcha en seco: una boya en el depósito, o un presostato con sensor de flujo que pare la bomba cuando el nivel baje. Sin esa protección, la primera vez que el depósito se acabe antes que el ciclo de riego la bomba seguirá girando sin agua y el cierre mecánico se destruye en minutos. Es la avería más común y la más evitable.

Dimensionar el depósito es aritmética simple: se suma el consumo de todos los sectores de un ciclo completo y se añade un 30 % de margen. Si tus cuatro sectores gastan 400 litros por ciclo, un depósito de 500 litros va sobrado.

Si solo falta presión: dimensionar por la curva, no por el cartón

El caso sencillo: el caudal es sano — pongamos 20 a 25 l/min — pero la presión dinámica en la toma se queda en 1,5 bares o menos. Pasa al final de la red de distribución, en plantas altas y donde el suministro municipal va crónicamente bajo.

El parámetro que importa no son los vatios, sino la altura manométrica: la presión que la bomba es capaz de generar, expresada en metros de columna de agua. La equivalencia a recordar es que 1 bar son unos 10 metros. Una bomba que declara "altura 40 m" entrega por tanto unos 4 bares en su mejor punto.

El error está en leer ese número como si estuviera garantizado siempre. La altura máxima y el caudal máximo no se dan nunca a la vez: son los dos extremos de una curva. Una bomba que da 4 bares a caudal cero, con la llave cerrada, quizá a 30 l/min solo dé 2. El documento que cuenta es la curva caudal-altura de la ficha técnica: se busca en el eje horizontal el caudal del sector más exigente, se lee en vertical cuántos bares quedan ahí, y se comprueba que cubran lo que piden los aspersores más las pérdidas de carga.

Para un jardín llano con sectores de 15 a 25 l/min, una bomba de 35 a 45 m de altura y 40 a 60 l/min de caudal cubre prácticamente cualquier situación. Ir a más no ayuda y encima perjudica: una bomba sobredimensionada arranca y para continuamente, castiga los cierres y hace vibrar las tuberías.

Un ejemplo completo, de la medición a la bomba

Un caso concreto: jardín de 250 m², con 200 m² de césped y 50 m² de arriate. Mediciones en la toma del jardín, hechas a las 6 de la mañana: 1,6 bares dinámicos y 18 l/min de caudal (cubo de 10 litros lleno en 33 segundos).

Paso uno, la demanda. El césped necesita 7 turbinas de 8 m de alcance, unos 2,1 l/min cada una a 2,5 bares: 14,7 l/min. El arriate necesita 6 difusores de 4 m a 0,67 l/min: 4 l/min. Todo junto, 18,7 l/min.

Paso dos, la comprobación de caudal. El 75 % de 18 l/min son 13,5 l/min por sector. El césped por sí solo pide 14,7, justo por encima. Basta con dividirlo en dos sectores de 3 y 4 turbinas (8,4 y 6,3 l/min) y dejar el arriate como tercer sector. Ya ningún sector supera el límite y el caudal deja de ser el problema.

Paso tres, la comprobación de presión. Las turbinas quieren al menos 2 bares; la toma da 1,6, y de ahí todavía hay que restar las pérdidas de carga — con 45 m de tubo de 25 mm, la electroválvula y los accesorios, unos 0,4 bares. Al aspersor más lejano le llegan 1,2 bares. Las turbinas se van a parar. Este sí es un caso genuino de grupo de presión.

Paso cuatro, el dimensionado. Hay que llegar a unos 2,5 bares en los aspersores: 2,5 más 0,4 de pérdidas son 2,9 bares a la salida de la bomba, al caudal de 8,4 l/min del sector más exigente. Buscando en una curva una altura de al menos 29 m a ese caudal, se acaba en una máquina de 35 a 40 m y 40 a 50 l/min — un modelo doméstico de 0,8 a 1 kW, entre 120 y 190 euros.

Paso cinco, la comprobación final. Si la bomba aspira del depósito, este debe contener el consumo de un ciclo completo: los tres sectores suman unos 400 litros, más un 30 % de margen, así que 500 litros bastan. Para situar el coste total del conjunto, ver ¿Cuánto cuesta un sistema de riego para el jardín?.

Cómo se conecta la bomba a la instalación

Hay dos formas de arrancar la bomba, y la elección cambia su vida útil.

Con presostato, arranque automático. La bomba detecta la caída de presión cuando abre una electroválvula y arranca sola. Es el cableado más sencillo, no hace falta ningún hilo entre bomba y programador, y funciona también si abres un grifo a mano. El inconveniente es que un sector de bajo consumo — típicamente una línea de goteo — la hace arrancar y parar en bucle. Un vaso de expansión de 20 a 24 litros en la impulsión absorbe las microvariaciones y lo elimina.

Con mando directo desde el programador. Casi todos los programadores tienen una salida llamada "arranque de bomba" o "válvula maestra" que se activa cada vez que arranca un sector. Pasándola por un relé de potencia, la bomba solo funciona durante los ciclos programados. Es la solución más limpia: la bomba nunca arranca por un grifo abierto por descuido, y el número de arranques por temporada se desploma. A cambio hay que tirar un cable desde el programador hasta la bomba.

En ambos casos la bomba va instalada a resguardo de las heladas y con una válvula antirretorno aguas arriba. Y si el depósito queda a la intemperie en invierno, hay que vaciarlo antes de las primeras heladas: el tema está tratado en Preparar el sistema de riego para el invierno.

Preguntas frecuentes sobre la bomba de riego

¿Cuántos bares debe tener una bomba de riego? No hay una cifra universal: depende de lo que pidan tus aspersores más las pérdidas de carga. Para un jardín llano con turbinas, una altura de 35 a 45 metros (3,5 a 4,5 bares) cubre casi todos los casos. El error es mirar la altura máxima en vez de la altura al caudal de trabajo.

¿Puedo conectar la bomba directamente a la toma de casa? Técnicamente sí si el caudal de la red supera con holgura lo que la bomba aspira, pero muchas ordenanzas municipales lo prohíben y en cualquier caso es arriesgado: en cuanto la demanda supere a la disponibilidad, la bomba cavita. Con caudales de red por debajo de 15 l/min, pon siempre un depósito de por medio.

¿Mejor grupo de presión o bomba autoaspirante sin más? Son casi la misma máquina: el grupo de presión es una bomba con vaso de expansión y presostato ya integrados. Para un riego gobernado íntegramente por el programador, la bomba desnuda con mando directo suele ser más simple; para un uso mixto casa y jardín, el grupo tiene más sentido.

¿Cuánto consume? Una bomba de 0,8 a 1 kW funcionando 40 minutos al día consume unos 0,6 kWh, en torno a 15-18 céntimos diarios. En una temporada de riego son 20 a 25 euros: rara vez es la partida que decide el presupuesto.

¿Hace falta bomba si solo tengo goteo? Casi nunca. El goteo trabaja entre 0,5 y 2 bares con caudales muy bajos: con 1 bar en la toma vas servido. El riesgo va más bien en sentido contrario, y de eso se encarga un reductor de presión.

En resumen

Mide presión y caudal por separado antes de comprar nada, porque son averías distintas. Si el caudal llega y solo falta empuje, una bomba dimensionada por la curva — no por el cartón — es la respuesta correcta. Si lo que falta es caudal, la bomba sola empeora las cosas y hace falta un depósito que desacople el llenado lento de la entrega rápida, algo que además encaja bien con las restricciones horarias de riego habituales en verano. Y en bastantes casos no hace falta bomba ninguna: un sector más, una boquilla más pequeña, o regar a las cinco de la mañana en lugar de a las ocho de la tarde.

Si quieres comprobar antes de decidir cuántos sectores necesita tu jardín y cuánta agua pide cada uno, puedes dibujar el plano y colocar los aspersores directamente sobre el mapa por satélite con SprinklerMap: el caudal por sector sale solo, y es el dato del que depende todo lo demás.

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